Ha sido para mí un gusto saludarlos de mano y decirles: esta es su Cámara de Diputados, literal, literal. Me refiero a: cada servidor público que ustedes vean aquí, cada objeto que ustedes vean aquí es pagado con sus impuestos, así es que literal, es su Cámara de Diputados.
Muchísimas, muchísimas gracias por venir a este espacio deliberativo y plural.
Saludo con aprecio al maestro Manuel Rodríguez Ajenjo, muchísimas gracias, presidente del Consejo Directivo de la Sociedad General de Escritores de México.
Saludo y agradezco también su presencia, a Gloria López, directora general de la SOGEM, que además pluraliza, en términos de género, este espacio.
Quiero dar la bienvenida y agradecer a escritoras y escritores que hoy nos acompañan.
Sean todas y todos bienvenidos a esta Cámara de Diputados.
Nos reúne una celebración profundamente significativa para la cultura nacional, esto es: los primeros 50 años de la Sociedad General de Escritores de México.
Durante medio siglo, la SOGEM ha sido la casa de quienes convierten las palabras en historias, de quienes escriben para el teatro, el cine, la televisión, la radio, de quienes cultivan la literatura y enriquecen con su creatividad la vida cultural de nuestro país.
México es una nación que se reconoce en sus relatos, en las páginas de sus escritoras y escritores encontramos nuestra memoria, nuestra identidad, nuestras preocupaciones y también nuestras aspiraciones. Por ello, defender a quienes escriben es también defender a la cultura, la libertad de expresión y el derecho de nuestra sociedad a imaginar un futuro mucho mejor.
Desde su fundación en 1976, la SOGEM ha cumplido una tarea absolutamente indispensable: acompañar a las personas creadoras, representar sus intereses y proteger sus derechos de autor. Su trabajo nos recuerda que detrás de cada libro, de cada obra teatral, de cada película, de cada programa de televisión o producción radiofónica, existe una persona que dedicó su talento, su tiempo y su sensibilidad para crearla.
Las obras tienen un valor cultural incalculable, pero también son el trabajo y el sustento de sus autores; por eso, proteger los derechos de autor constituye un privilegio.
Es nuestra obligación en esta Cámara de Diputados reconocer con justicia el esfuerzo de quienes hacen posible la creación.










