jueves, septiembre 10, 2026
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POLÍTICA MICHOACÁN / Más de 3 mil mujeres con Carlos Torres Piña: cuando “es tiempo de mujeres” también significa poder elegir

Son las más de 3 mil mujeres provenientes de distintas regiones de Michoacán que decidieron participar en un encuentro que, por su dimensión, se convirtió en la mayor concentración específicamente femenina organizada hasta ahora alrededor de cualquiera de los perfiles que buscan encabezar la coordinación estatal de la defensa de la Transformación. El número importa porque introduce un dato incómodo en una discusión que durante meses se ha tratado de resolver mediante una consigna: si “es tiempo de mujeres”, ¿eso significa necesariamente que las mujeres tienen que respaldar a una mujer?

Algunas aspirantes han construido parte de su posicionamiento precisamente desde esa idea. En el monitoreo digital de semanas anteriores aparece de manera expresa la narrativa “Es tiempo de mujeres” asociada a Fabiola Alanís, junto con contenidos que intentan presentarla como el perfil femenino mejor colocado. La expresión tiene una fuerza histórica evidente. México tiene por primera vez una presidenta y después de décadas de exclusión resulta indiscutible que las mujeres han conquistado espacios que durante demasiado tiempo les fueron negados. El problema comienza cuando una reivindicación de derechos intenta transformarse en una conclusión electoral automática.

El feminismo político ha luchado precisamente contra la idea de que otras personas pueden decidir por las mujeres. Resultaría paradójico sustituir una tutela por otra: antes se les decía que la política era asunto de hombres; ahora se pretendería decirles que, por ser mujeres, sólo resulta legítimo apoyar a una candidata mujer. La verdadera conquista está en otro lugar. Que una mujer pueda votar por una mujer o por un hombre, exigirle exactamente lo mismo a ambos y decidir a partir de trayectoria, resultados, propuestas y confianza personal.

La asamblea de Torres Piña adquiere relevancia bajo esa lectura. Más de 3 mil mujeres no constituyen por sí mismas una encuesta ni permiten afirmar que existe una preferencia generalizada entre el electorado femenino. Sería un salto metodológico injustificable. Sí demuestran, sin embargo, que Carlos ha construido una base femenina considerable y territorialmente diversa, suficiente para cuestionar la idea de que el respaldo de las mujeres está reservado de antemano a las aspirantes mujeres.

También importa qué dijo frente a ellas. Torres Piña comenzó por un terreno personal: su madre, sus dos hijas, su esposa y las mujeres que durante años han formado parte de sus equipos. Podría parecer un recurso sentimental, pero la intervención adquirió mayor profundidad cuando conectó esa experiencia con problemas concretos: mujeres que sostienen simultáneamente un empleo y los cuidados en casa; mujeres rurales cuyo trabajo suele permanecer invisible; empresarias que encuentran mayores obstáculos para acceder a crédito o contratos; jóvenes que buscan oportunidades y mujeres que todavía calculan horarios y rutas por miedo a regresar solas.

Ahí aparece una diferencia relevante entre hablar de “las mujeres” como categoría política y hablar de las vidas concretas de las mujeres. No existe una experiencia femenina única. Una productora de la Meseta Purépecha, una empresaria de Morelia, una comerciante de Sahuayo, una estudiante de Zitácuaro o una jornalera de Tierra Caliente pueden compartir desigualdades estructurales, pero enfrentan problemas cotidianos distintos. Una agenda seria tiene que ser capaz de reconocer ambas dimensiones.

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