“Lo que se dice……y lo que se calla”.
Por: Amalio Suárez Salazar. (politólogo)
La caída del PRI y la narrativa televisiva: política y memoria colectiva
La política no solo se disputa en las urnas o en los congresos. También se juega en el terreno de la memoria y de las narrativas que moldean la percepción de los ciudadanos sobre su pasado reciente. En ese sentido, la aparición de una serie televisiva que aborda la caída del PRI como partido hegemónico en México resulta un fenómeno digno de análisis político. Más allá del entretenimiento, este producto cultural se convierte en un dispositivo de interpretación de la historia nacional, influyendo en cómo las nuevas generaciones comprenden el fin de un régimen que marcó más de siete décadas de vida pública.
El PRI no fue un partido cualquiera: fue la columna vertebral de un sistema político que combinó control electoral, corporativismo, clientelismo y una notable capacidad de adaptación. Su hegemonía se sostuvo en la idea de estabilidad y en un discurso de continuidad que le permitía reinventarse cada sexenio sin perder el poder. Sin embargo, los procesos de apertura democrática, el desgaste de la corrupción y el surgimiento de nuevas fuerzas políticas fueron minando esa hegemonía. La serie, al narrar estos acontecimientos, traduce complejos procesos históricos en relatos humanos y dramáticos que llegan a un público mucho más amplio que los textos académicos o los discursos políticos.
El impacto político de esta representación es doble. Por un lado, reactiva la memoria de quienes vivieron los años del priismo autoritario y presenciaron su decadencia. Para ellos, la serie funciona como un espejo que confirma la importancia de su experiencia y les permite reinterpretar lo que ocurrió con una mirada más crítica. Por otro lado, para los jóvenes que no conocieron la etapa del PRI como partido hegemónico, la ficción se convierte en una puerta de entrada al pasado político de México. En un país donde la cultura política muchas veces se transmite más por tradición oral que por la lectura de documentos, este tipo de narrativas audiovisuales se vuelven fundamentales para el aprendizaje ciudadano.
Cabe señalar que la representación televisiva no es neutral. Toda serie dramatizada toma decisiones: qué personajes privilegiar, qué hechos enfatizar y qué silencios dejar. De esa manera, la serie no solo documenta, sino que también interpreta. Su fuerza política radica en el modo en que simplifica y dramatiza, ofreciendo al espectador una narrativa clara sobre el ascenso y la caída de un sistema. Esto puede reforzar ciertas visiones críticas hacia el PRI y, al mismo tiempo, alimentar la idea de que la democracia mexicana es fruto de luchas sociales y ciudadanas, no solo de reformas desde arriba.
El ensayo televisivo, por lo tanto, se inserta en un momento político donde los partidos enfrentan crisis de legitimidad y donde la ciudadanía exige mayor transparencia y resultados. Revivir el recuerdo del PRI hegemónico no es un ejercicio de nostalgia, sino una advertencia. La serie nos recuerda los riesgos de la concentración del poder, los costos de la corrupción estructural y la necesidad de instituciones sólidas que garanticen contrapesos reales.
En conclusión, la representación televisiva de la caída del PRI trasciende el entretenimiento: se convierte en un insumo para el debate político, un espejo crítico y una herramienta pedagógica. Al acercar la historia política reciente a millones de espectadores, la serie contribuye a fortalecer la conciencia ciudadana y a mantener vivo el cuestionamiento sobre las formas de poder en México. La televisión, en este caso, cumple una función cívica: la de recordarnos que la democracia no está asegurada, sino que se construye y defiende día a día










