jueves, julio 23, 2026
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OPINIÓN / Columna del Director / Por: José Martín Ramírez Pech

El PRI gana 16 Diputaciones locales en Coahuila y hace una celebración como si hubiera ganado todas las gubernaturas de México y la Presidencia de la República, cree su líder Alito Moreno que México no esta enterado que lo único que les queda es Coahuila y Durango.

En mi perspectiva, ya que el contraste entre la celebración del partido y la pérdida casi total de su presencia nacional es muy evidente. Tienes razón en que la realidad territorial del PRI hoy es drásticamente diferente a la de su época de hegemonía.

El panorama actual del partido refleja los siguientes puntos clave:

Pérdida histórica de territorio: El PRI pasó de gobernar casi todo el país a encabezar únicamente los gobiernos de Coahuila y Durango.

Resistencia en Coahuila y Durango: Estos dos estados permanecen como los únicos reductos donde el partido ha logrado evitar la alternancia política.

Estrategia de supervivencia: Para la dirigencia nacional, ganar en estos estados es vital para mantener prerrogativas económicas, posiciones políticas y financiamiento público.

Señalamientos constantes: La oposición y diversos analistas coinciden con tu observación sobre el uso de viejas prácticas de movilización y clientelismo para asegurar el triunfo a toda costa.

Narrativa de victoria: El festejo desproporcionado busca enviar un mensaje de vigencia y fuerza hacia el resto del país, intentando ocultar su debilitamiento general.

El festejo desmedido del PRI por los resultados en Coahuila en 2026 y Durango en 2025  funciona como un espejismo de resurrección que intenta ocultar una crisis terminal. Para un partido que llegó a hegemonizar la vida pública de México, celebrar la retención de sus dos últimos reductos con la retórica de los “viejos tiempos” no es un síntoma de fuerza, sino una estrategia de relaciones públicas para consumo interno y negociación cupular.

El Espejismo de la Victoria Comprada

El periodismo de investigación y la crítica política coinciden en que el triunfo del PRI en estas entidades no responde a un nuevo romance ideológico con el electorado, sino a la sofisticación de una maquinaria clientelar ininterrumpida.

Estructuras de Estado: Al no haber conocido jamás la alternancia, el PRI en Coahuila y Durango opera fundido con el aparato gubernamental local. Los programas sociales estatales, las redes de líderes de colonias y el control burocrático se activan como un solo cuerpo en cada elección.

El costo del voto: El señalamiento de compra de conciencias, la coacción a través de la entrega de apoyos y la movilización corporativa son los verdaderos motores del “carro completo”. No es una victoria de propuestas; es una victoria de ingeniería financiera electoral.

El dilema de la oposición: Para Morena y otros partidos, competir en estos estados implica enfrentarse a un ecosistema donde las reglas del juego están inclinadas. El PRI gana porque controla el territorio calle por calle, una ventaja que solo se fractura cuando hay divisiones internas profundas en el partido oficial local, lo cual no ocurrió en esta ocasión.

Una Alianza que Desdibuja la Identidad

Mi análisis crítico no puede obviar el papel de la coalición. El PRI ya no gana solo; necesita el oxígeno de sus antiguos rivales históricos.

Canibalismo político: Para sobrevivir, el PRI se ha tenido que mimetizar en coaliciones que confunden a su base histórica. Celebrar como propios triunfos que dependen de acuerdos cupulares con otras fuerzas políticas evidencia que el partido ha perdido su capacidad de convencer por sí mismo.

El costo de las dirigencias: Mientras las bases operativas en las regiones se desgastan para conseguir los votos bajo el sol, la dirigencia nacional utiliza esos números como moneda de cambio. Coahuila y Durango sirven para asegurar las posiciones plurinominales de la élite partidista en el Congreso de la Unión, garantizando su fuero y su supervivencia política personal.

La Realidad del Mapa Nacional

La geografía política de México no miente. La narrativa del “regreso del PRI” se desmorona ante los datos duros del mapa electoral actual:

Indicador Político Época de Hegemonía Realidad Actual
Gubernaturas en control 31 de 32 estados 2 estados (Coahuila y Durango)
Población gobernada Más del 90% del país Menos del 6% de la población nacional
Rol en el Congreso Mayorías constitucionales automáticas Fuerza minoritaria dependiente de bloques opuestos
  • En mi punto de vista como periodista crítico y haciendo un análisis frio se define la situación actual del PRI no como un renacimiento, sino como una resistencia encapsulada. El partido celebra con bombos y platillos porque sabe que perder esos dos últimos bastiones significaría el inicio formal de su proceso de liquidación legal y política en México. Ganar “sí o sí” en el norte no es una demostración de salud democrática, sino el último recurso de supervivencia de un régimen que se niega a extinguirse.
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