lunes, agosto 3, 2026
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OPINIÓN / COLUMNA DEL DIRECTOR / POR: JOSÉ MARTÍN RAMÍREZ PECH

El error táctico y estratégico del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) en Quintana Roo al subestimar a Rafael Marín Mollinedo radica en un diagnóstico profundamente equivocado: confundir el control de la nómina estatal y las alcaldías con el control de las conciencias y las bases orgánicas del movimiento. Al asumir que la sucesión de la gubernatura hacia junio de 2027 estaba escriturada en favor del bloque neo-verde (encabezado por figuras como Eugenio “Gino” Segura), las cúpulas del “tucán” pasaron por alto las leyes más elementales de la física política y la naturaleza de un verdadero peso completo. [1, 2, 3, 4]
El análisis de fondo sobre las razones por las cuales el Partido Verde cometió una grave equivocación al medir fuerzas con Marín Mollinedo revela dinámicas clave:
1. El peso específico e histórico frente al oportunismo cupular
Un “peso completo” en la política de la Cuarta Transformación no se construye con espectaculares financiados ni con estructuras de gobierno efímeras. Rafael Marín Mollinedo posee dos activos blindados que el Partido Verde jamás podrá comprar: legitimidad fundacional y lealtad probada. [1]
    • El origen del movimiento: Mientras el Partido Verde operaba como aliado del viejo régimen, Marín Mollinedo construía las bases de Morena en Quintana Roo y el sureste. [1, 2]
    • Confianza presidencial histórica: Su paso por sectores estratégicos como el Corredor Interoceánico y la Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM) demuestra que es un cuadro técnico de absoluta confianza para el proyecto de nación. El Verde asumió erróneamente que Marín se mantendría al margen en los escritorios federales.

2. El fenómeno del “Bumerán Político” y el divorcio ideológico
El intento de arrinconar o frenar a Marín mediante instituciones locales —como las polémicas y selectivas sanciones operadas desde el Instituto Electoral de Quintana Roo (Ieqroo)— generó un efecto bumerán.
    • El morenismo fundamentalista y las bases que resienten la “colonización verde” ven en Marín el conducto idóneo para canalizar su agravio. [1]
    • El rechazo de Marín Mollinedo hacia las formas del PVEM es total y no admite dobleces. Su postura de no cargar con lo que la militancia considera un “lastre corruptible” le ha ganado la simpatía de quienes exigen congruencia ideológica. [1]

3. Descomposición del monopolio verde: Las encuestas y la pinza con el PT
El error del Verde se evidencia de forma matemática y territorial. Creyeron tener el tablero controlado, pero el flanco izquierdo se les abrió por completo:
    • Liderazgo en las preferencias reales: De acuerdo con las mediciones de casas como Rubrum, Marín Mollinedo ha tomado la delantera con un 36% de las preferencias entre las bases. Supera por casi seis puntos al candidato oficial de la cúpula, dejando en claro que el aparato no está controlando el sentimiento de los votantes.
    • La jugada maestra con el Partido del Trabajo (PT): El Verde jamás previó que la dirigencia nacional del PT cerraría filas de manera unánime e institucional con Marín, nombrándolo Coordinador Estatal de Afiliación. Esto rompe el monopolio de la coalición y le otorga a Marín una estructura territorial paralela que no depende del visto bueno del palacio de gobierno local.

4. La cúpula nacional no arriesgará el estado por un capricho local
El Verde asumió de manera ingenua que la dirigencia nacional de Morena avalaría en automático la imposición de sus cuadros locales para mantener la paz de la alianza. Sin embargo, reuniones recientes de Marín con altos liderazgos del partido a nivel nacional —como Ariadna Montiel y Citlalli Hernández— demuestran que el Comité Ejecutivo Nacional privilegia la identidad partidista y la cohesión interna frente a las presiones de los cacicazgos estatales. El centro del país sabe que si imponen una carta del Partido Verde desplazando a un fundador histórico, el riesgo de una implosión con “brazos caídos” o voto de castigo es inminente.
Conclusión del tablero
El Partido Verde cometió el peor error de la escuela clásica de la política: creer que el presupuesto estatal sustituye al arraigo social. Al día de hoy, Rafael Marín Mollinedo avanza de forma imparable en sus recorridos territoriales, rescatando el discurso obradorista tradicional y dándole voz a la militancia silenciada. El Verde, atrapado en su propia soberbia burocrática, pretendía jugar un juego de ajedrez local sin percatarse de que el adversario al que intentaban subestimar es el dueño original del tablero.
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